viernes, 13 de febrero de 2026

 El SR-22 no es un tipo de seguro, sino un

certificado de responsabilidad financiera exigido por el estado (presentado por tu aseguradora) para demostrar que tienes la cobertura de auto mínima, generalmente requerido tras DUI, conducir sin seguro, o suspensiones de licencia. Por lo general, se debe mantener durante 3 años. 


Detalles Clave sobre el Seguro SR-22
  • Cuándo se requiere: Tras infracciones graves como manejar bajo la influencia (DUI/DWI), conducir sin seguro, accidentes con culpa, o múltiples infracciones en poco tiempo.
  • Propósito: Sirve como prueba ante el Departamento de Motores y Vehículos (DMV) de que cumples con la ley.
  • Costo: La presentación del certificado cuesta aproximadamente
    , aunque la póliza en sí puede ser más costosa debido al alto riesgo.
  • Consecuencias de no tenerlo: Si el seguro con SR-22 se cancela o interrumpe, la compañía debe notificar al DMV, lo que puede resultar en la suspensión nuevamente de la licencia.
  • Alternativa para no propietarios: Si no tienes vehículo propio pero necesitas un SR-22, puedes contratar una póliza de "responsabilidad para no propietarios". 


jueves, 12 de febrero de 2026

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sábado, 7 de febrero de 2026

El Planeta de las Yamilas

 Un vez viaje en mi nave espacial y por mensa 

https://www.wattpad.com/413315606-el-planeta-de-las-yamilas

martes, 31 de diciembre de 2019

RIGOBERTO RATXIC: EL CASO HIDDLESTON (9NA PARTE)

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Al transponer el umbral de su casa no pude sacudirme  la sensación inusual  de entrar en la dimensión desconocida. La sala al interior de la casa de William contrastaba significativamente con la fachada. Mientras el frontispicio de su hogar era en su totalidad de un bastante desganado color crema pálido, el interior de la casa de William era rica en tonos rojo vino. En los sofás y la alfombra este color predominaba. Sin duda alguien en la casa era un gran entusiasta del rojo vino.

Otro color que aparecía frecuentemente era el azul en todas sus variaciones , en los cuadros , jarrones y  estatuillas. Había un montón de estatuillas ¡un montón! casi daba miedo.


William me hizo sentar en uno de los estrafalarios sofás que ostentaban el bendito color rojo vino.
—Eh, ajem Wiliiam, vaya "interesante"  lugarcito que tienes aquí—Comenté con mal disimulado desdén. William enrojeció.

—Si, es que...bueno. es el estilo de mi padre—."Mmm así que el señor súper serio era el perpetrador de "esto""—concluí decepcionado pero me guardé de compartir mis observaciones con William.
—¡Qué raro que no vea estos colores en la fachada!—se me escapó el comentario.
—Si,—continuó William turbado — teníamos la fachada antes de otro color ,pero los vecinos nos obligaron a cambiarla,hubo una reunión vecinal de extrema urgencia y...—
Mientras más explicaba William, mucho más rojo se ponía; mientras que yo poco a poco me exasperaba más.Finalmente:
—¡William!¡William!—Exploté exasperado—¡Escucha! Hablaremos de los problemas de diseño y decoración de tu padre en otra ocasión. Ahora hay algo urgente que deseo preguntarte: ¿Recuerdas lo que te sucedió en la madrugada?—
Ante la pregunta William me miró atentamente y algo extrañado.Parecía estar en una profunda concentración. Finalmente balbuceó:—¿E... eenn la madrugada dice? ¿Qué debería recordar? ¿Mis sueños? No entiendo, Señor Ratxic...—Fijó su cuestionadora mirada en mi, parecía absolutamente sincero y totalitariamente perdido; el pecoso no recordaba nada.Por supuesto que insistí.
—¿No recuerdas que te traje en un taxi esta madrugada? Te veías muy mal ¡Apenas si hablabas!—Entonces la expresión del pecoso cambió al de instantáneo reconocimiento y se le escapó un "¡Oh!" cerró los ojos como aliviado y apareció una sonrisa en su rostro.—Ah, señor Ratxic, por un momento caí redondito en su trampa ¡Qué ocurrente que es usted! ¿Quiere vino?—de un brinco se puso de pie—¡Bien jugado, Sr. Ratxic!—
Solo atiné a abrir la boca sin hacer ningún ruido inteligible, para cuando pude articular un"No, no, no, no" el pelirrojo ya había llegado a otra habitación de la casa. Escuché más voces interactuando con Willliam. No tardó mucho William y  regresó con copas de vino en una charola y además acompañado de su madre. Precisamente la persona que en estos momentos quería ver. Ella a diferencia de William no estaba aturdida en la madrugada ¡Ella podía recordar!
—¡Oh!Señora Grant—me apresuré a saludarla estrechando su mano—finalmente, la persona con la que necesito hablar...—
—¿Se conocen?—inquirió William
—Si—
—No—
Se oyeron nuestras respuestas al unisono, dejando a William confundido.
—Se...señora Grant, nos conocimos esta madrugada cuando le traje a William, estaba catatónico, fuera de si...—
—Disculpe caballero, pero aquí evidentemente hay un error—me interrumpió—Esta es la primera vez en mi vida que lo veo y además le puedo asegurar que William no vino a casa en la madrugada ni mucho menos lo trajo usted—
Eso si me tomó por sorpresa. Que William no recordase nada era de esperarse pero Elena Grant ¿cómo es que no podría recordar haber llorado desesperadamente por su hijo hace solo cuestión de horas? ¡Maldito Hiddleston! seguro la tenía amenazada.
Mientras cavilaba hizo su aparición en la sala el padre.
—Ajem,  Sr. Ratxic, este es mi padre, el señor Benedict Grant. Papá, este es el señor Ratxic,el fotógrafo de quién te hablé.—
—Mucho gusto— apretó mi mano otra mano peculiarmente fría pero firme.—¿qué lo trae de visita?
—Pues vine a ver como estaba William...eh estaba hablando con la señora Grant sobre los eventos de esta madrugada?
—¿Qué eventos?—
—Am nada importante me temo cariño— comentó la señora Grant.
Era evidente que el señor Grant desconocía los acontecimientos de la madrugada y consideré prudente guardar silencio.
—Un momento ¿Es usted el fotógrafo que hirió a Hiddleston?—inquirió el señor Grant entre curioso y perplejo.
—Bueno...fue algo accidental...—
—Todo mundo está hablando de eso desde ayer.—continuó.
—El señor Ratxic llegó con una historia interesante.—agregó Elena
—Tranquila,mamá todo se trata de una buena broma del señor Ratxic. Lo hubieses visto en la comisaría. es un hombre muy divertido
—Y violento—agregó sin pestañear Elena Grant; su mirada fulminante dirigida hacia mi sensible persona.
 A los 15 minutos de ese intercambio verbal me halle fuera de la casa de los Grant. Recibiendo un sol benevolente en el rostro y con muchos pensamientos confusos en la cabeza ¿Qué estaba sucediendo acá? ¡Qué pudo haber hecho Hiddleston para asustarla de tal modo? ¿Tenía que haberla amenazado ¿No? Aunque eso no explicaba muy bien su mirada acusadora tras descubrir que yo había sido el causante del golpe al rostro inmaculado de Hiddleston. En serio: ¡QUÉ rayos estaba pasando acá?
Lo único bueno  que pude sacar aparte del vino fue el número del celular de Benedict Grant, tal vez a solas podría sacarle algo o alertarlo de lo que sucedía con su familia.
William me tomaba por un tipo gracioso y ocurrente, era un chiste con patas para él ; Elena al parecer me consideraba un salvaje violento y Hiddleston por su parte me había convertido en un payaso.



☼Notas:
Feliz año nuevo. chicas y chicos, gracias por la larga espera y la alta fidelidad.  Este ha sido un año muy atareado pero que me ha servido para ordenarme un poco más. Todo este esfuerzo rendirá sus frutos este año. Como siempre el capítulo se queda como a mitad de lo que pensaba que alcanzaría a contar.
Por cierto tengo un canal de Youtube que milagrosamente ha sobrepasado los mil suscriptores:
Aquí un video que grabé del primer capítulo, estoy pensando dejarlo así y grabar los demás ¿Qué opinan?
https://www.youtube.com/watch?v=qU5YvxWizEs&t=10s






jueves, 21 de marzo de 2019

RIGOBERTO RATXIC: EL CASO HIDDLESTON (8VA PARTE)



- Esta es la octava parte. Abajo dejo el link a la primera parte a quien le interese.
http://the-haven-of-fiction.tumblr.com/post/159364503153
Los resultados del laboratorio no iban a llegar hasta dentro de un par de días, un análisis de toxicología  completo podría tardar hasta 11 semanas, así que no me quedaba más que esperar.

William había estado en continua comunicación con su madre durante su estadía en la comisaría. Habló por teléfono al menos en tres ocasiones. Todo siempre ante la atenta mirada del comisario quién no estaba dispuesto a permitir que la más mínima información de su espectacular caso se filtrara al dominio público. Lo que no podría jamás  imaginar su madre era el extraño trance en que lo vería. Era una situación muy triste.

Ya casi a puertas de mi hotel un pensamiento me asaltó: No debí dejar a William con sus padres, debí habérmelo llevado al hospital más cercano y  asegurarme de que le hicieran los análisis lo más pronto posible. Tan pronto como el pensamiento se formó en mi cabeza intenté desterrrarlo de mi mente. Por supuesto que sus padres se asegurarían de que William estuviese bien; y eso significaba averiguar que pasaba con él; por supuesto que tendrían que hacerle un análisis toxicológico completo...¿Y si de alguna manera Williamcito se recuperaba? ¿Y si consideraban, entonces, que no era necesaria tanta cosa? No, claro eso difícilmente ocurriría. William aún debe estar tieso como una tabla, balbuceando incoherencias y tendrían que hacerle las pruebas. No había de que preocuparse ¿o no?¡o no?

No pude dormir as  poco menos de 4 horas que me quedaban y de pronto me encontré con los primeros rayos de sol de la mañana londinense. Las dudas no dejaban de atormentarme.

Nunca supe en que momento me puse de pie y me dirigí al paradero. Solo sé que ya en el taxi, me repetía a mi mismo que mi celo era innecesario, que todo iba a estar bien, que era yo un total y absoluto exagerado. Pero iba, que si no iba y me cercioraba, jamás volvería a dormir en toda  mi vida. Exagerado, si, un poco exagerado. , estamos de acuerdo en eso.

A media cuadra para llegar a casa de William pegué un grito, algo así como el graznido de un ave palmípeda siendo estrangulada, para obligar al chofer a frenar en seco. Mis hábiles ojos de reportero gráfico habían "detectado la presencia del enemigo" Un auto lujoso de color blanco, un jaguar estaba estacionado frente a fachada de la casa del pecoso. Si , bueno luego de  pasar algo de tiempo con William, ya saben, prácticamente cargándolo hasta un taxi, observé que el pelirrojo exhibía pecas.

Casi olvidé pagarle al taxista por culpa de la prisa y el sigilo que puse en mi salida. El taxista interpretó mis movimientos como un feo intento mio de escaparme si pagar, lo que me hizo merecedor a un par de insultos en referencia a mi santa madre. Le pagué rápidamente gesticulando, dedito sobre la boca de por medio, para que no alerte al visitante en frente de la casa de William , pero el escándalo logró que varias cabezas voltearan en toda la cuadra incluyendo a quién o quienes estuvieran frente a la casa del pelirrojo. Mis años de experiencia en acosar eehh contemplar respetuosamente a las celebridades a fin de reportar sus actividades al público me hicieron reaccionar rápidamente. Antes de que los de la casa del pecoso pelirrojo yo ya me había lanzado, panza por delante, al piso donde los arbustos de los jardines de las casas aledañas me proporcionaban un conveniente y muy necesitado escondite. El despistado taxista seguramente dirá que en realidad me caí por torpe, pero que sabe ese animal de las finezas de mi oficio...bueno tal vez resbalé un poquito, pero todo lo tenía planeado y bajo mi control ajem.

Esperé a que mi taxi se alejara para moverme. Con un "Adiós, imbécil" gritado con emoción y sentimiento desde su asiento de conductor, el taxista, nuestro amigo, el buen taxista, finalmente me bendijo con su ausencia. Tardé un poco en recuperarme de mi  romántico y repentino encuentro con el suelo. Un evento que sin duda dejó huellas imborrables para el resto de mi vida. Una vez que pude incorporarme  y siempre bajo la protección de los arbustos pude confirmar mis temores. A puertas de la casa y ya despidiéndose afectuosamente de las madre de William se hallaba Hiddleston, en elegante camisa blanca y pantalones de vestir color acero azulado con rayas verticales que hacían que sus hermosos ojos verdiazules resaltaran más , reafirmando su aspecto angelical ¡Si superan lo que yo sabía! y lo que aún me tocaría por saber! Había otro sujeto a su lado en ropa muy casual que no reconocí y William que ahora se veía sonriente y energizado, tal como lo conocí en la comisaría. Al lado suyo observante y casi mudo, estaba quien luego supe era su padre.

"La orden de restricción corre hasta mañana al medio día." las palabras de Hiddleston en la madrugada empezaron a sonar insistentes en mi cabeza. Permanecí oculto entre los arbustos observando la interacción entre las cinco personas. Una larga despedida en la que Hiddleston no dejaba de hablar y sonreír mientras de vez en cuando ponía sus manos de forma amistosa o protectora sobre los hombros del pelirrojo, William sonreía de oreja a oreja y respondía animadamente con exclamaciones de alegría y sorpresa, su madre tenía todo el tiempo una sonrisa dibujada en su rostro, un aire de tranquilidad y dicha la rodeaban, se diría que estaba... ¿agradecida? Por otro lado el sujeto que acompañaba a Hiddleston no paraba de revisar su celular- El que me resultaba curioso era el padre de William, era todo ojos pero se mantenía distante, algo desconfiado tal vez. No había caído bajo el hechizo del farsante de Hiddleston, eso era evidente, con él tendría que hablar.
En algún momento de  la prolongada despedida Hiddleston miró en mi dirección como si hubiese descubierto mi escondite y sonrió sardónicamente. Me sobresalté alarmado, seguro en aquél momento de que Hiddleston me pondría en evidencia y se iría a quejar de que no estaba cumpliendo con mi castigo. —¡Maldito, Hiddleston! — farfullé. Pero pronto, Hiddleston volvió a poner toda su atención en sus interlocutores sin mayor preocupación, el peligro había pasado. Pocos minutos después se despedían con dramáticos abrazos al estilo de la historia cinemática de Scarlett O´Hara.

Hiddleston y quién asumo era su seguridad finalmente subieron al Jaguar blanco y al  pasar cerca de mi escondite  juraría que Hiddleston sacó la mano por la ventanilla del auto y la agitó en mi dirección. Tal vez era mi imaginación, tal vez.

Esperé unos minutos antes de salir de mi escondite y tocar la puerta del hogar de Willian. Quien salió a recibirme  fue el mismísimo Willianm.—¡Señor Ratxic! saludó radiante asomando su carita pecosa por la mirilla—¡Oiga si venía tan siquiera un poquito antes se hubiera encontrado con Tom! — Horror "Tom" ya andaban en confianza—¡Maldito, Hiddleston! — repetí para mis  adentros—Si, que lástima,William —mentí— para otra vez será el épico reencuentro ajem eh ¿puedo pasar? —– —¡Oh, claro! si,  disculpe señor Ratxic ¡pase! ¡pase! ¡pero que descuidado soy! ¡dónde están mis modales! —William prácticamente me arrastró al interior de su casa, su  vitalidad y fuerza eran un perfecto contraste con lo que  había presenciado en la madrugada, hace pocas horas nada más. Mi esperanzas de que le hubiesen hecho algún análisis se desvanecía a cada segundo mientras admiraba la "milagrosa" recuperación del universitario. Estaba seguro de que el tramposo de Hiddleston tenía mucho que ver en todo esto. Tendría que jugar muy bien mis cartas si quería ponerlo en evidencia, sin duda me estaba enfrentando a un profesional del engaño.


☼ NOTAS:
Hola y muchas gracias por seguirme a pesar de lo demorona que soy. Ojalá les haya gustado este capítulo. No digo pronto por que parece que eso me sala los planes XD pero ya estoy haciendo el siguiente.

Si recién lees la historia, aquí el primer capítulo:

https://sacerdotisalokiana.blogspot.com/2017/01/rigoberto-ratxic-el-caso-hiddleston.html



lunes, 10 de septiembre de 2018

RIGOBERTO RATXIC: EL CASO HIDDLESTON (7MA PARTE)




Me daba la espalda, mi presencia inadvertida. Por un instante consideré esperar a que se fuera, parado allí sin atreverme siquiera a respirar, dejando la ventana abierta para alejarme inadvertido. En tan solo un día de tenerlo cerca había aprendido a temerle. Más el destino estaba dándome otra oportunidad. Me armé de valor y respiré hondo.
—Oiga,señor Hiddleston—sobresaltado al oír mi voz, Hiddleston volteó a verme. Sus ojos bien abiertos me dieron la idea de un cervatillo asustado. Quería hablar con él, no hacer que salga corriendo, y eso es lo que parecía que iba a hacer. No se me pasó por alto lo risible de nuestra situación: Hiddleston parecía tenerme tanto miedo como yo a él. Tenía que demostrarle...bueno en realidad fingir, si, tenía que fingir un tono amistoso. Entonces recordé lo bien que respondía a su primer nombre.
—Tom —dije, en el tono más inocente que me fue posible y de inmediato casi mágicamente noté como todo su cuerpo se relajaba, esbozó una sonrisa, una sonrisa falsa sin duda—: solo quería—tragué saliva— disculparme personalmente con usted, yo... yo solo quería hacer bien mi trabajo y le...le arruiné el día. Quería decirle cara a cara, de hombre a hombre que lo siento —mentía por supuesto, yo no sentía ni una pizca de culpa,bueno tal vez algo, pero éste patán me provocó y lo otro,de lo otro aún no estaba seguro. Me acerqué un poco más, a la luz del poste cerca del paradero miré sus ojos, los verdes azulados,los pálidos normales. No había peligro. Oh si, había aprendido a identificar ese tonito de verde intenso con el peligro. ¿Y que decía mi instinto? Mi "sentido arácnido" estaba calmado. Todo bien.
—No tiene idea, señor Ratxic de lo importante que es esto para mi, no deseo estar enemistado.— dijo con su suave y elegante voz de perfecta dicción. El sujeto era irritantemente perfecto. Sonrió y me extendió una mano. Inmediatamente la estreché. Sus manos eran suaves, probablemente las manos de hombre más suaves y bonitas que he estrechado, dedos largos de artista. Hiddleston tenía un apretón firme.
—Si, bueno. Siguiendo esa onda de que no quiere andar enemistado con nadie...—
—¿Tiene un encendedor?—
—S-si por supuesto.—no tenía idea de que Hiddleston fumara, su imagen hasta el momento era el de un Príncipe Disney, las ganas de tener de nuevo mi cámara empezaron a aguijonearme—.¿Así que fuma?—
—Lo estoy tratando de dejar, pero este día ahh — soltó una larga bocanada de humo, era un experto—este día, ha sido demasiado ¿No cree?
—¡Absolutamente! una locura ja, ja eh con respecto a esa orden de restricción...
—La orden de restricción se queda, Ratxic —me contestó cortante sin tan siquiera mirarme, los ojos fijos en el cigarrillo que se balanceaba delicadamente entre sus largos dedos, no veía sus ojos, solo sus largas pestañas.
—¿No que no quería estar enemistado? Deme al menos una prueba de buena voluntad. Tener una orden de restricción hará más difícil mi trabajo.Tampoco podré acercarme a otras estrellas que estén con usted y además...—
—Ese es mi taxi. Ya le dije mi respuesta, Ratxic.—finalmente me miró fijamente. Por unos segundos me sentí deslumbrado. Hiddleston era magnético, él era de esas celebridades. Unas son carismáticas, otras son apasionantes y curiosas y otras como Hiddleston irradiaban magnetismo cuando estabas cerca y lo mirabas a los ojos. Sin duda nacido para el estrellato. Mi Nuria estaba enamoradísima hasta los huesos de este sujeto. ¡Lo celosa que la iba a poner cuando le diga que lo tuve tan cerca y en varias ocasiones!

El efecto magnético de Hiddleston finalmente pasó y de nuevo regresé a revisar mi triste situación: Allí estaba yo, humillándome, pidiéndole disculpas y suplicando un favor. Ah pero no, al señorito se le dio por ponerse arrogante. Empecé a hartarme.
—Nos vemos, señor Rátxic, lamento no poder hacer más por usted sin salir perjudicado. O mejor dicho no nos veremos en mucho tiempo. Lo invitaría al compartir el taxi pero el comisario me aconsejó que mantuviera mis distancias.La orden de restricción corre hasta mañana al medio día— aclaró y se dirigió al taxi,aún con el cigarrillo en mano. Abría la puerta y me daba la espalda—. eso me enfureció más. Podía sentir la ira bullendo dentro de mi, subiendo hacia mi cabeza. Apreté los puños y decidí actuar. Iba a demostrarle que a mi nadie me ignoraba.Caminé hacia Hiddleston decidido a darle una buena tunda. Al fin de cuentas le estaba haciendo un favor. Tarde o temprano tenía que aprender la dura lección de la vida: No todo el mundo existía para besarle las pompas y hacerle caso a cada uno de sus estúpidos caprichos. Él no era ningún rey. Nuria seguramente me odiaría por esto, pero...
—¡Hola, Señor Ratxic!— me quedé de una pieza. Sentado sonriente en el asiento del conductor estaba el universitario pelirrojo. Mis planes de vengan...digo justicia se echaron a perder por culpa del super entusiasta fan. El pelirrojo le había ofrecido al actor llevar a casa en su auto nuevo, lo había escuchado hacer esa oferta varias veces en la comisaría. Solo que no pensé que Hiddleston aceptaría. ¿Estaba loco? ¿Aceptar el aventón de un fan posiblemente obsesionado que podría tenerlo secuestrado en su sótano? ¿Y a mi que me importa? Ah si verdad, a mi no me importaba.
—Hola —respondí casi mecánicamente y no con poca torpeza alcanzando incluso a alzar una mano en un gesto atrapado entre el "me rindo" y el "presente, querida profesora"
Hiddleston volteó rápidamente, la mirada en sus ojos evidenciaba que había adivinado mis intenciones. Estaba furioso. Llámenlo paranoia, si quieren, pero al hacer contacto visual nuevamente con Hiddleston cuatro cosas me quedaron claras.Primero, empecé a sentir miedo que en cuestión de segundos fue escalando hasta llegar a niveles de pánico; segundo, alguna especie de ola de energía me empujó. Algo me empujó y me apretó contra el piso, no me queda duda.  Ningún resbalón o tropezón producto de mi torpeza pudo haberme causado tanto dolor y esa falta de aire, tercero, el color de los ojos del actor cambiaron al verde peligroso y cuarto, lo que sea que me estaba pasando era culpa de Hiddleston.
—Quédese allí, si sabe lo que le conviene. — lo oí decir. Mis sentidos estaban algo confusos parecía que Hiddleston me hablaba mientras yo estaba metido al fondo de un profundo y oscuro  túnel. Escuché sus pisadas dirigiéndose al auto, un portazo y finalmente el motor del auto arrancando y alejándose de prisa.
 Después de varios minutos tirado en el piso y cuando el dolor se calmó intenté moverme. Poco a poco y torpemente me puse de pié y traté de limpiar mi ropa lo mejor que pude.Me temblaban las piernas, aunque  no sabía decir si era debido al impacto que recibió mi cuerpo al o al extraño ataque de pánico.  Ese imbécil me la iba a pagar. Miré hacia el banco rojo del paradero, había un hombre sentado muy quieto allí. ¿Por qué no se había percatado de que yo estaba tirado como muñeco de trapo allí tan cerca? Me aproximé lento y adolorido, y a la luz del paradero  reconocí a William.
—Oye, amiguito — saludé con alegría fingida. Pero el normalmente entusiasta estudiante, no me respondió. Parecía muy perdido en sus pensamientos.
—Oye,¿Dónde esta Tom? — insistí. Al oír el nombre de Hiddleston el pelirrojo volteó lentamente y me miró a los ojos.
—Oh, señor Ratxic, hola —dijo suavemente.
—Ehh je , hola, hola ....mmm..¿A dónde fue Tom? ¿Porqué no fuiste con él?
—¿Tom?
—Tom Hiddleston, si.
— Ah, Tom quería conducir solo. Dijo que me bajara.
—¿Y le diste tu coche nuevo! —eran ya cerca de las dos de la madrugada, el sitio bastante solitario ¿Y este sujeto se baja de su auto?
—Tom, me lo ordenó — sus respuestas las daba con pausa, como ido.
— Oye, amigo ¿Te ocurre algo? Vamos a buscar un taxi¿Bueno? ¿Dónde vives?

 William me dio su dirección mecánicamente. En cuanto conseguí un taxi lo tomé de un brazo y el pelirrojo me siguió mansamente. En todo el camino a su casa no dijo ni una palabra a no ser que yo le hablase primero.  Una vez acomodado en el asiento, el pelirrojo no cambió ni una sola vez de postura. Era como si estuviera llevando un maniquí.

Pasada las dos de la madrugada, llegamos a su domicilio. Su madre nos recibió llorosa y alterada. Abrazó y besó a su hijo, pero este apenas si pestañeó. Le dejé mi tarjeta personal a la mujer."Por favor avíseme de cualquier cosa que ocurra con William" le había dicho. No tenía muchas esperanzas de que me contactara en realidad, pero valía el intento. La madre confirmó mis sospechas, no era típico del universitario estar tan quieto. William era más bien un muchacho bastante enérgico y bromista. Tal como lo había visto en la comisaría.  ¿Le había hecho algo, Hiddleston? ¿Lo habría drogado? ¿Había sido yo también la víctima de algún alucinógeno? y si era así como podía probarlo. Llamé a la madre de William desde el taxi y le dejé un mensaje."Hágale pruebas de sangre, que busquen sustancias extrañas, alucinógenas tal vez"  Mis planes de regresar pronto a Estados Unidos se postergaron. No iba a parar hasta poner en evidencia a Hiddleston. Estaba decidido. Todo el mundo, todo el mundo iba a saberlo. Iba a desenmascararlo, a descubrir cualquiera que sea su gran truco.

Llamé al inútil de mi abogado:
— Necesito hacerme análisis de sangre para alucinógenos ahora mismo ¿Conoces algún laboratorio?

—¿QUÉ!



☼ NOTAS

Gracias, como siempre por la paciencia. Ya estoy trabajando en el siguiente capítulo. Dedos cruzados para que lo termine más pronto. Me he propuesto no dejar pasar mucho sin publicar. Aparte que mis otras historias me esperan.

Aquí tienen el link a la primera parte:

http://sacerdotisalokiana.blogspot.com/2017/01/rigoberto-ratxic-el-caso-hiddleston.html

domingo, 5 de agosto de 2018

RIGOBERTO RATXIC: EL CASO HIDDLESTON (6TA PARTE)


Si es la primera vez que lo lees,este es le primer cap:
http://sacerdotisalokiana.blogspot.com/2017/01/rigoberto-ratxic-el-caso-hiddleston.html
Ahora vamos con la sexta parte:




—¡VAMOS RATXIC! no me diga que los apellidos Vasconcelos y Mancini no le suenan de algún lado.Siendo fotógrafo de espectáculos y eso —volvió a insistir el comisario emocionado mientras yo miraba al vacío, medio perdido en mis conjeturas, y Mancini,que previamente nos había interrumpido de la manera más grosera posible, recibía cariñosas palmaditas en la espalda de parte de La  Bella que se esforzaba en hacer que las cosas se llevaran en paz.
¿Cómo diablos iba a saber de estos dos!¡Cómo? Yo soy un reportero gráfico dedicado a celebridades pop y socialites,gente muchas veces con más talento para hacer escándalo y alarde de su vida personal que capaz de producir algo que pueda llamarse arte . He ahí  mi respuesta. No, no "me suena"Y además, el que Mancini fuera famoso ¿Cambiaba en algo lo que me hizo? A mi ver no. Si el comisario pensaba que ese desagradable sujeto merecía algún trato especial de mi parte por ser famoso y estar ligado a mi oficio, estaba equivocado.

Volviéndose hacia Mancini, tal vez por que yo parecía estar más allá que aquí, el comisario reanudó sus alegatos a favor del "perdón" —Ponga de su parte, Fabricio. Esto le beneficiará también. No solo evitará la cárcel sino que se verá magnánimo perdonando al tipo que tanta ofensa le causó y que ahora le suplica misericordia...—
—¡YO NO SUPLICO NADA! — rugí, pero pronto fui fulminado por la mirada severa del comisario.
Entonces, incorporándose, La Bella fue quien tomó la palabra. Antes de empezar me lanzó una mirada contemplativa, como si quisiera decirme que entendía mi sufrimiento. Sus ojos tristes estaban repletos de compasión. Al fin hablaría la voz de la razón.
—Señor, comisario. Con el debido respeto que usted y los presentes se merecen, me sentiría más que satisfecha si cuelgan de las pelotas a ESTE PENDEJO —con un ofensivo dedo índice apuntó hacia mí—. Mas me resulta inconcebible que mi pobre Fabricio pase un sólo día en una jaula. Es un alma sensible que respira libertad. La prisión lo destrozaría y a mi con él — a la ahora no tan bella...¿De mis pelotas? ¿En serio?...se le quebró la voz y Mancini se incorporó para abrazarla. —Está  bien, está bien, aceptamos el trato —dijo Mancini mientras consolaba a la Vasconcelos. —No llores querida, aquí estoy contigo —Y así antes que pudiese decir "Wakanda Forever" mi amor platónico se hizo añicos. Pasaría mucho tiempo para que pudiera superar esta desilusión y también para que la frase de Pantera Negra fuera conocida globalmente.

Echando a un lado mi orgullo y en vista de que al comisario le estaba empezando a dar un ataque de ansiedad, por mi resistencia al trato, finalmente alcé mi voz —Está bien, acepto. Pero con una condición... —
 — Sin condiciones señor Ratxic —interrumpió con tono de advertencia el comisario—.
—... solo pido hablar a solas con el comisario—
—Ah ¡perfecto! ¡perfecto!¡vamos a mi oficina!—dijo el comisario entusiasmando y ya corriendo hacia la sala pequeña donde nos reuniríamos. Empecé a seguirlo pero a medio camino me detuve. —Esto, comisario, vamos a necesitar el teléfono de Miguel—
—También está en la oficina. No perdamos tiempo.—

Una vez en la sala, el comisario no se anduvo con rodeos.
—Al grano, Ratxic, que ya quiero ir a mi casa con mi familia—
—Esto le va parecer extraño, y hasta una perdida de tiempo...—
—¡AL GRANO, RATXIC!—
—Al grano, al grano. Le voy a pedir que ponga el video que grabó Miguel nuevamente...—
 —Ajá. Delo por hecho. ¿Cree que nos perdimos de algo?—
—No exactamente. Mire comisario, en realidad le voy a pedir dos cosas...—
—¡Carajo Ratxic! ya sabía yo que algo se tramaba ¡Ahora que? ¡QUÉ?—
—Necesito que me narre exactamente lo que ve—
—¿Qué!—
—Lo que oyó, solo hágalo por favor. Sin omitir detalle —y luego casi inaudible murmuré—.Necesito saber que no estoy loco.—
—Bien, si con esto termina esta pesadilla, lo haré de una buena vez. Ni siquiera voy a preguntar por qué—alzó ambas manos en señal de rendición.

Empezó describiendo muy bien la calle, la iluminación, la gente alrededor, incluso notaba detalles que yo no. El comisario era tan buen observador como narrador. Ahí estaba yo discutiendo con Hiddleston mientras trataba de obtener mis preciadas fotografías, ahí estaba el bufón de Hiddleston cargando sus compras y de pronto el actor me sujetaba de las solapas del saco , su pie derecho barriéndome completamente...—Ese es el momento en que tropieza ,pierde el equilibrio y cae sobre Tom y le tira todas las compras...—
—Pare el video—
—¿Ya está satisfecho?—
-—Así es como lo recuerdo—murmuré
—¿Cómo dice?—
—Solo una pregunta más— dije- El comisario cerró los ojos como tratando de controlar su impaciencia.
—Diga Ratxic, suéltelo ya—
—¿Puede asegurarme que en ningún momento antes o  durante mi caída que Hiddleston me tocó?—
—Ratxic— respondió exasperado el comisario—, ¿acaso está ciego! El pobre hombre ni siquiera tuvo tiempo de reaccionar , usted le cayó encima y le arruinó compras y vestimenta.—
—¿No me tocó?—
—No—
—¿Para nada?—
—No—
—¿No me tomó del saco?—
—¡NO! ¡qué dice! Ratxic ¿esta usted loco? ¡qué no ve...—
—Gracias, comisario- lo interrumpí— estoy satisfecho. Ya podemos ir con el resto- e inmediatamente me puse en marcha, el comisario aún confuso por mis preguntas demoró un  poco en seguirme.
A mitad del pasillo me asaltó una duda y me detuve abruptamente, el comisario que iba detrás chocó conmigo.
—¿Ahora qué ocurre Ratxic?—
—Tengo otra pregunta—
—¡Claro!¡Por qué no!- una sonrisa burlona y algo furiosa se dibujó en su rostro.
—Pero necesito el video.—inmediatamente di la vuelta ya en la oficina intenté tomar el teléfono pero el comisario me detuvo.
—Es evidencia, usted no puede tocarlo—
—Solo ponga el maldito video.—
—Contrólese, Ratxic—y lo puso, no dejé de notar la ironía de sus palabras. Era él quien necesitaba calmarse.
—Pause— el comisario pausó el video en el momento justo en que se veía con claridad el rostro de Tom Hiddleston , en el piso, debajo de mi. Miguel había logrado una toma muy buena, si no le iba muy bien con lo de las clases de fonética bien podría dedicarse a paparazzo.
—De qué color son sus ojos?—
——¡Es en serio?—
—¡Si! ¡EN SERIO! ¿COLOR?—
-—Azules, verdiazules talvez ,el color de sus ojos no es muy definido ¿Satisfecho?—
—Mucho, ahora si volvamos—

Una cosa es estar encerrado por hacer una locura, otra cosa era terminar encerrado por loco. Los ojos de Hiddleston, los que yo ví en la pantalla del celular de Miguel no eran azules, ni verdiazules, ni nada. Eran definitivamente verdes bien definidos, verdes intensos.

Cerca de las 10 llegó mi abogado. Muy diligente y sonriente, paso a estrechar manos con tutilimundi, saludó a Hiddleston con especial afecto y al jefe de policía con un abrazo y palmaditas cómplices. Cuando llegó  a mi lado sus primeras palabras fueron —Ya estoy al tanto del trato, saldremos de esta,Ratxic— y me lanzó su sonrisa ganadora , llena de optimismo ,  llena esperanza,llena de mierda.
—Sólo sácame de aquí y ahórrate las felicitaciones. Prácticamente hice TU trabajo.—
—Ratxic,ya estamos casi afuera, ni siquiera tendrás que pasar la noche aquí dento.—
—Ya pasé casi media noche "aquí dentro"— luego de eso no hablamos mucho.
Documentos fueron, documentos vinieron, firmas aquí y allá. Ya estábamos casi listos y el comisario se dirigió a Hiddleston delante de todos—Para garantizar su seguridad señor Hiddleston solo falta que usted firme estos trámites para proceder a poner la orden de restricción contra Ratxic.—Esa era una de las cosas del trato que menos me convencían. Pero al aceptar había aceptado todo, el comisario había sido claro con eso no iba a negociar. Ahhh pero no iba a aceptar sin decirles lo que pienso. Mientras cavilaba noté que Hiddleston empezaba a hablar—No sé, ¿Es  necesario? creo que...— lo escuché pero realmente no le presté atención y alcé mi voz. —¡BIEN! ¡BRAVO! Me castigan cuando solo estaba haciendo mi trabajo. ¡Todo por que a este IMBÉCIL no le gustan muchos la fotografía, al niño bonito...—a mitad de mi furioso discurso me callé. Mientras hablaba y me desahogaba, repetí en mi mente lo que había dicho Hiddleston antes de que lo interrumpa, y finalmente lo entendí, Lo entendí demasiado tarde.
En cuanto me callé todos en la sala estaban en silencio, mirándome espantados. El comisario tomó la palabra para dirigirse a Hiddleston—¿Qué me decías,Tom?—
—Ajem, eh si ¿Dónde tengo que firmar?—A la respuesta de Tom, todos en la sala asintieron con la cabeza. Yo me quedé congelado y sintiéndome muy estúpido.

Finalmente a eso de la una de la madrugada todos lindos y bonitos , algo exhaustos y ojerosos, por fin respiramos el aire fresco aunque húmedo de las calles de Londres.
No había nadie esperándonos  y eso era un alivio, gran atino del jefe de policía en ese sentido. Su plan de cansar a la gente curiosa funcionó muy bien, ningún curios casual nos aguardaba a esas horas. Para los curiosos profesionales, osea los paparazzi, había enviado a uno de sus muchachos con la  furgoneta con las ventanas cubiertas por cortinas, varios autos lo siguieron pensando que iba Hiddleston ahí. Caminé un par de pasos fuera de la comisaría y encendí un cigarrillo que amablemente me había obsequiado el comisario,bueno, pueda ser que haya insistido hasta cansarlo. A pocos pocos pasos delante de mi iba Hiddleston junto a Mancini y la Vasconcelos. Mi abogado ofreció llevarme en su auto desplegando su sonrisa falsa, pero lo despedí con un"Váyase a la mierda!" cuando me dijo "Ratxic, ¿A dónde?"Luego, cuando se perdió de vista en una esquina empecé a arrepentirme
Hiddleston y compañía conversaban animadamente  y como íbamos por la misma calle pude oír por primera vez la risa de Mancini , y su voz ronca interrumpía cada cierto tiempo el relato de Hiddleston, entonces se oían las carcajadas de Mancini, Hiddleston y la Vasconcelos. Hubiese deseado buscar  una calle alterna para no tener que sufrir un "ejejeje" más  pero  ya estábamos cerca al paradero.
Hiddleston se despidió de la bella con un beso en la mano y de Mancini con un apretón de manos y un abrazo.Estos subieron a su taxi y desaparecieron. Hiddleston se metió las manos a los bolsillos. Finalmente el actor se quedó solo y fue entonces que decidí acercarme, era después de todo mi oportunidad de resolver de la manera más directa y sencilla , mi pequeño pero molesto problema.
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☼ NOTAS
Por ahora hasta acá, no les prometo pronto porque cada vez que lo hago pasa un año sin publicar.
Así que quiero evita la mala suerte. Me han llegado más ideas¡Yeeee!. Aún tengo que contarles algo más de Rigoberto y finalmente oiremos más a Tom.